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¿Qué tipo de ser es este animal que
llamamos hombre, desde el punto de vista nutricional?.
Algunas personas afirman que son eminentemente carnívoros, al menos
tanto como un perro o un gato que pueden tolerar alimentos de origen
vegetal pero prefieren la carne. Por otra parte hay quienes sostienen
que el intestino del ser humano es diferente del de los carnívoros,
porque es más largo en relación con el peso y la estatura y que no
debemos consumir carne de ningún tipo porque se descompone en el
aparato digestivo y nos causa una serie de enfermedades. Un tercer
grupo acepta comer carne y vegetales al mismo tiempo.
Naturalmente que existe toda una gama de variaciones entre las diversas
posiciones y que todas tienen una parte de la razón y son apreciables
como teorías aunque, en estricto apego a la anatomía comparada y a la
antropología, el ser humano es un OMNÍVORO o sea que estamos preparados
para consumir tanto alimentos de origen animal como otros derivados de
los vegetales.
¿QUÉ ES ESO DE SER OMNÍVORO, DE DONDE VIENE Y COMO SE CONVIVE CUANDO SE
CUENTA CON UN CUERPO DE ESE TIPO?
El origen del hombre y su tipo de alimentación.
Aquellos que tenemos fuertes convicciones religiosas y creemos en un
Dios supremo que planeó todas las cosas y organizó el mundo para que se
desarrollara y mantuviera por sí mismo, aunque siempre con su divina
presencia y ayuda; pensamos que el ser humano es diferente de todos los
demás seres vivos de la creación y que, en algún momento de su
evolución le fue dada un alma inmortal con una capacidad de
auto-conciencia y, derivada de ésta, algunas características que como
especie, nos hacen diferentes de todas las demás y capaces de objetivos
que nunca serían posibles para otros animales como el de PROGRESAR,
APRENDER, CONOCERSE A SÍ MISMO, AMAR, ARREPENTIRSE DE LOS ERRORES Y
LEER UN LIBRO DE NUTRICIÓN.
No cabe duda que, desde el punto de vista de nuestro cuerpo físico,
somos monos primates con marcha erguida, pelo alrededor de todo nuestro
cuerpo (aunque atrofiado en algunas partes o depilado con láser en
otras) manos prensiles y pies adaptados para caminar sobre la tierra y
no para subir a los árboles… y es aquí donde encontramos la primera
diferencia.
Posiblemente el hombre evolucionó a partir de monos arbóreos nómadas
que dormían donde primero les cogía la noche (de allí que tengamos tres
especies de piojos que nos son propias y que nos acompañan desde hace
millones de años). Sin embargo, alguna circunstancia forzó a esos
primeros pro-homínidos a dejar la protección de las selvas y lanzarse a
las praderas donde paulatinamente se adaptaron a las condiciones
propias de ese hábitat:
Nuestros pies se modificaron y ya no fueron prensiles sino
almohadillados para caminar en las calientes praderas.
Perdimos la cola ya que no la necesitamos más (aunque a veces sería muy
útil tener una, sobre todo en la sala de operaciones cuando nos faltan
manos).
Modificamos la postura y nos hicimos más erguidos con la vista hacia
arriba para lograr defendernos de peligros que nos acosaban de todas
las direcciones.
Cambiamos la posición para tener sexo.
Creamos una situación conocida como neotenia que consiste en que
nuestros cachorros necesitan más tiempo en compañía de la madre (y a
veces durante toda la vida del padre) para desarrollar un cerebro mucho
más complejo y aprender muchas más destrezas que las que domina ningún
otro animal.
Cambiamos nuestro hábitat de un árbol a una cueva y de allí que nos
encontramos con algunos parásitos propios de los animales cavernarios
como las pulgas.
Creamos una familia estable (desconocida para otros primates) con roles
definidos para cada uno de los sexos y una diferencia somática profunda
entre ambos, lo que nos diferencia también de todos los demás primates.
Esas diferencias ocurrieron posiblemente a lo largo de muchos, muchos
años (posiblemente millones) y nos dieron tiempo de cambiar también los
hábitos alimentarios de una dieta fundamentalmente herbívora y
frutívora, propia de quienes viven en los árboles, a una carnívora y
comedora de cereales o raíces más propia de animales de las estepas o
praderas. Esos cambios también motivaron modificaciones en nuestros
dientes, en los jugos digestivos y en la forma y longitud del
intestino. O sea: nos convirtieron en el homo sapiens moderno con todas
sus ventajas y defectos.
El intestino del ser humano contiene fuertes enzimas y ácidos para
manejar los alimentos derivados de la carne de los animales que cazaban
nuestros abuelos (fuente concentrada de alimento, sobre todo por la
grasa que les permitía pasar periodos de ayuno y, prácticamente, comer
cuando se podía y posiblemente no todos los días y la cual se absorbe
eficientícimamente en el intestino para dolor de cabeza de todos) y las
proteínas que fueron un determinante en el desarrollo cerebral
superior.
Contiene además el intestino otras enzimas que permiten procesar los
cereales (también fuente importante de alimento), las raíces y las
semillas, siempre y cuando se mastiquen apropiadamente, pero no somos
buenos con los vegetales parientes del pasto ya que carecemos de los
mecanismos para digerir la celulosa que, aunque es un carbohidrato, es
muy compleja y pasa a través de nuestro aparato digestivo sin sufrir
cambios. O sea que, definitivamente podemos descartar que seamos
herbívoros como las vacas o los caballos.
Antes de entrar propiamente en el tema de la nutrición y alimentación
humanas y cómo éstas pueden contribuir a una vida saludable, será
necesario que toquemos dos aspectos fundamentales: La composición
corporal y los principios generales de la nutrición.
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