Todos esos
factores conducen al trastorno
metabólico que se caracteriza por un balance positivo de energía y que
ocurre
cuando la ingestión de calorías excede al gasto energético ocasionando
un
aumento en los depósitos de la grasa corporal, y por ende ganancia de
peso.
La obesidad
no solamente se produce por un
desbalance energético de largo plazo sino que se va produciendo
lentamente por
pequeños desbalances momentáneos que hacen que, en un determinado lapso
de
tiempo que puede ser de horas, minutos o días, haya una oferta de
alimento
superior a la que el cuerpo puede metabolizar o quemar como energía.
Esto lleva
a la liberación de factores hormonales como la insulina que van a
propiciar el
ingreso de todo ese alimento sobrante en el tejido adiposo y su
conversión en
grasa. Contrariamente a la lógica o a lo que ocurre en animales como
las
serpientes que son capaces de comer cada quince o más días, en el ser
humano
ese fenómeno de acumulación de energía, no lleva a una sensación
duradera de saciedad
sino que volveremos a sentir hambre a las pocas horas, sin importar que
hallamos sobrepasado en la comida anterior, las necesidades
alimentarias en
forma impresionante. O sea que volveremos a comer y la cantidad de
calorías
sobrante que se acumuló en forma de grasa, permanecerá en su sitio
puesto que
hoy en día no se da o es muy poco frecuente la escasez de alimentos que
nos
obligue a consumir nuestras propias reservas. Por lo tanto iremos
engordando
imperceptible e inexorablemente a menos que cambiemos radicalmente los
hábitos
alimentarios y aumentemos la cantidad de ejercicio realizado.
Clasificación
del sobrepeso
El ÍNDICE DE
MASA CORPORAL es una medida
que se ha desarrollado por parte de un estadígrafo belga L. A. J.
Quetelet por
lo que también se conoce como índice de Quetelet es un parámetro
sencillo que
permite clasificar a los pacientes de acuerdo a su peso y talla. Los
valores de referencia para adultos se basar fácilmente en 3 cortes (25
es el IMC mayor que una persona debe tener para considerarse delgada,
27 a 30 se considera una persona con exceso moderado de peso pero no
con obesidad, 30 a 35 es obesidad grado 1 a 2 de acuerdo con otros
parámetros como porcentaje de grasa en el cuerpo, peso del tejido magro
y conformación corporal, más de 35 es obesidad grado 3 u obesidad
ostensible y más de 40 es ya obesidad mórbida o enfermiza. Algunos
autores incluyen una nueva categoría que son los que tienen más de 50
de IMC y se llaman Super-Obesos).
La personas con
grandes masas musculares y deportistas de alto
rendimiento frecuentemente se salen de la tabla y no pueden
clasificarse por el IMC unicamente. Tampoco son clasificables personas
con problemas cardiacos, hepáticos o
renales que condiciones edemas o ascitis.
La Cirugía
Bariátrica
El primer
procedimiento que se aplicó a los problemas de sobrepeso a partir de
los años 50s fue el bypass de intestino delgado creando un síndrome de
intestino corto al dejar longitudes de 40 a 60 centímetros en el yeyuno
proximal y de igual o menor longitud en el ileon distal con una
anastomosis del intestino remanente al colon transverso. La pérdida de
peso fue eficiente con este procedimiento pero, concomitantemente se
produjeron complicaciones que afectaron más del 50% de los pacientes
sobre todo por sobre crecimiento bacteriano en el asa ciega,
colelitiasis, cirrosis hepática, artritis séptica y otros problemas.
Todo esto sin tomar en cuenta las complicaciones nutricionales
relacionadas con el síndrome de intestino corto con malabsorción de
gran cantidad de nutrientes, diarrea tipo esteatorrea y consecuencias a
mediano plazo como hipoproteinemia y osteoporosis. Este procedimiento
ha sido casi totalmente abandonado en la actualidad.
En
los inicios de la década de 1060, el Dr.
Edward E. Mason, Profesor de cirugía de la universidad del estado de
Iowa desarrolló el by pass gástrico como una solución al creciente
problema de la obesidad monstruosa o mórbida que se presentaba en forma
creciente entre los ciudadanos de los Estados Unidos, después de
observar que los pacientes sometidos a gastrectomía parcial por úlceras
o cáncer generalmente perdían una cantidad importante de peso y no lo
recuperaban posteriormente. Así nació la primera alternativa quirúrgica
viable para tratar la obesidad la cual fue aplicada a un grupo de
mujeres que efectivamente perdieron cantidad importante de peso y
fueron incluidas en una publicación en el año 1967 en conjunto con el
doctor Ito con resultados muy satisfactorios, sin embargo el desarrollo
excitante de la cirugía bariátrica vino a ser realidad con la
introducción de técnicas mínimamente invasivas y laparoscópicas
principalmente por los doctores Allan Wittgrove y Westley Clark del
Alvarado Hospital and Medical Center de San Diego
California que iniciaron la aplicación de la laparoscopía a estos
procedimientos en 1994. Es a partir de esta fecha, que se ha alterado
la forma de ver y
tratar a los pacientes que padecen obesidad masiva o mórbida.
Después
de la introducción de la banda ajustable por Mitika Belachew, y
colaboradores del “Centre Hospitalier Hutois” de Bélgica muchos
cirujanos que habían venido practicando la cirugía laparoscópica, han
decidido ingresar al campo de la bariátrica y, actualmente, tanto en
Europa como en los Estados Unidos y el Canadá, la mayoría de los
procedimientos de este tipo se practican por esa vía mínimamente
invasiva con la ventaja de una mejor visibilidad y acceso e
incisiones mucho más pequeñas que cicatrizan con mucho menos
complicaciones y permiten un manejo más ambulatorio del paciente con
estancias hospitalarias cortas.
Sin embargo, opina el doctor JW Greve
del Hospital Mastricht de Holanda que las técnicas laparoscópicas no
deben ser diferentes de las que se realizaban anteriormente por medio
de laparotomía y advierte sobre el riesgo que implica el bypass
gástrico con conservación del remanente gástrico mantenido como un
órgano ciego al que no se puede acceder por medio de endoscopía. Indica
este profesor que la mayoría de los pacientes que se operan de cirugía
bariátrica son muy jóvenes por lo que tendrán muchos años de exposición
al riesgo aumentado de cáncer gástrico condicionado por el reflujo
biliar al antro y cuerpo gástrico. Por esa razón muchos cirujanos hoy
en día, incluyendo el grupo de los doctores Picard y Simon Maeceau de
Hospital Laval de Canadá, recomiendan la realización de una manga
gástrica con resección del 80% del estómago y conservación de la
continuidad gastro-duodenal y del mecanismo regulador del píloro.
También recomiendan asociar este procedimiento con una derivación
bilio-pancreática para asegurar un mejor éxito.
El doctor Nicola Scopinaro del
Istituto di Clinica Chirurgica dell’Università Ospedale S. Martino en
Genova, Italia y su grupo desarrollaron el llamado Bypass
Bilio-Pancreático o derivación bilio-pancreática que constituye en una
anastomosis del intestino con un asa alimentaria que solamente lleva
los alimentos no expuestos a los líquidos bilio-pancreáticos, un asa
bilio-pancreática que lleva la bilis y el líquido pancreático con todas
las enzimas y un asa común, generalmente muy corta, en que ambas
corrientes se mezclan produciéndose el contacto de los alimentos con
las enzimas digestivas.
Este procedimiento ha venido a
complementar al
bypass gástrico creando una opción mucho más eficiente en el control de
peso al combinar una técnica restrictiva en la que un pequeño
reservorio de estómago disminuye la capacidad de ingerir alimentos y
aumenta la velocidad en la que se experimenta la sensación de saciedad
con una técnica absortiva que disminuye el contacto de los alimentos
con los jugos digestivos y la capacidad de absorción.
Resultados
esperables en Cirugía Bariátrica
Cuando
se analizan los resultados de cualquier tipo de cirugía se debe
comprender que un concepto como CIRUGÍA CURATIVA realmente no existe
puesto que todo acto quirúrgico implica un daño al paciente como
resultado de una invasión en su organismo y al menos un corte en su
piel para acceder a los sitios en que se va a practicar la cirugía. Lo
máximo que podemos aspirar los cirujanos cuando practicamos una
operación es a que ésta resulte un mal menor para corregir un mal mayor
y, en ese sentido, la cirugía bariátrica llena plenamente los
requisitos como uno de los procedimientos que produce mayores
beneficios puesto que los riesgos de una obesidad mórbida son muy altos
y el paciente mejora importantemente su calidad de vida y el pronóstico
a corto y mediano plazo con una disminución global de la
morbi-mortalidad asociada hasta de un 40% según el estudio de cohorte
publicado en el New England Journal of Medicine el 23 de agosto de
2007. La mortalidad en este grupo de más de 7000 pacientes y otro tanto
de controles no operados decreció principalmente en los campos de
enfermedad cardiovascular en un 56% en relación con la diabetes no
insulina de pendiente en un 92% y en un 60% en los cánceres
relacionados con obesidad. Por otra parte las muertes no relacionadas
con morbilidad como los suicidios y muertes accidentales aumentaron en
el grupo operado en un 58% con relación a los pacientes no operados.
Todos los procedimientos de
cirugía bariátrica, desde el original bypass de intestino hasta los más
modernos métodos restrictivo-absortivos tienen el problema de la gran
capacidad del intestino para adaptarse a condiciones cambiantes de
longitud y función por lo que es posible que los pacientes operados
re-ganen el peso perdido o al menos parte del mismo al cabo de unos
años después de la cirugía. Hay consenso en
todos los centros mundiales que el resultado debe
complementarse con un plan nutricional muy cuidadoso y que son los
primeros dos años postoperatorios los que realmente permiten obtener el
éxito deseado debiendo el paciente continuar indefinidamente en control
nutricional y manteniendo un régimen alimenticio cuidadoso.
La cirugía bariátrica es un
procedimiento de los más difíciles que se
pueden practicar en cirugía abdominal laparoscópica o abierta, sobre
todo por los cambios que la obesidad mórbida induce en el paciente, las
dificultades técnicas derivadas de una cirugía realizada en pacientes
de tan alto volumen y la frecuencia de comorbilidades que hacen que el
terreno quirúrgico sea de pobre calidad. El pronóstico de la cirugía
depende de dos factores fundamentales: escogencia apropiada de los
casos con aceptación solamente de aquellos pacientes que tienen un real
interés en perder peso, que muestran comorbilidades manejables y de
buen pronóstico generalmente asociadas a una mejoría determinada por la
reducción del peso (como síndrome metabólico, hiperlipidemia, hígado
graso no alcohólico en etapas reversibles, diabetes mellitus no
insulina dependiente y grados leves de cardiopatía asociada a la
obesidad), que muestran un perfil psicológico apropiado y están en
capacidad de continuar con el control que requiere la cirugía en forma
estricta por lo menos por un año posterior a la operación e idealmente
por cinco años. En esos casos se habla de un pronóstico similar al de
otros tipos de cirugía laparoscópica como la colecistectomía o la
fundo-plicatura. Las complicaciones se pueden clasificar en varios
apartados: siendo las quirúrgicas divididas en tempranas y tardías.
Entre las tempranas tenemos una pequeña incidencia de aproximadamente
un 0.5 a 2% en las series grandes de dehisencia de suturas que requiere
reintervención inmediata y frecuentemente una catástrofe abdominal con
mortalidad alta. Dado el grueso panículo adiposo de estos pacientes, el
diagnóstico de la peritonitis se retrasa frecuentemente y se detecta
solamente cuando ya hay una peritonitis avanzada.
La trombosis venosa profunda
con
o sin embolia pulmonar concomitante es una de las compliacaiones
frecuentes y se puede presentar en un 2 a 5 por
ciento de los casos sobre todo tomando en cuenta que este problema
tiene una mayor incidencia en pacientes con obesidad extrema que pasan
varias horas en la sala de operaciones y de recuperación en posición
supina con presión aumentada sobre las venas abdominales y a menudo
policitemia relacionada con hipoventilación. La embolia pulmonar es a
menudo fatal en estos pacientes en los que el diagnóstico clínico de
una trombosis es difícil y asimismo tienen frecuentemente edemas
bipodálicos con cambios crónicos en la circulación de los miembros
inferiores que dificultan la realización de una venografía. Debe
asimismo comprenderse que la realización de maniobras de resucitación
sobre todo de masaje cardiaco cerrado dadas las grandes cajas toráxicas
y el grueso panículo adiposo. El ultrasonido doppler y la utilización
de medios mecánicos de compresión intermitente de los miembros
inferiores durante el procedimiento y en el periodo postoperatorio
inmediato, una dembulación postoperatoria temprana y el uso de
antiagregantes plaquetarios o anticoagulantes como la heparina son
medios para prevenir esta complicación.
La
dilatación del remanente
gástrico se presenta en raros casos y se asocia con frecuencia a
bloqueos en el vaciamiento gástrico en el sitio de la anastomosis con
el intestino o más abajo. También se pueden presentar atelectasias
pulmonares y neumonías postoperatorias y todas las otras complicaciones
que se presentan en la cirugía abdominal como una
incidencia de aproximadamente un 0.5 a 2% (en las series grandes) de
dehisencia de suturas (recuérdese que estos pacientes tienen
frecuentemente 4 líneas de sutura que pueden producir dehisencia) Esta
complicación requiere reintervención inmediata y frecuentemente termina
en una catástrofe abdominal con mortalidad alta. Dado el grueso
panículo adiposo de estos pacientes, el diagnóstico de la peritonitis
se retrasa frecuentemente y se detecta solamente cuando ya hay una
peritonitis avanzada.
El resultado deseable más importante
de la cirugía es la PÉRDIDA DE PESO
el cual se debe analizar cuidadosamente. No cabe duda que los pacientes
con obesidad mórbida sometidos a cirugía tienen un índice de éxito en
su objetivo de adelgazar mucho mayor que el de cualquier otro método
puesto que con medidas conservadoras solamente entre el 5 y el 10% de
las personas logran perder el peso sobrante y mantener esa disminución
a largo plazo, mientras que con la cirugía, más del 80% de las personas
logran reducir el 50% del sobrepeso o más y aproximadamente el 65%
conservan esa reducción a largo plazo. Un alto porcentaje cercano al
55% logra bajar todo el sobrepeso quedando con índices de masa corporal
entre 25 y 30 Kg por metro cuadrado y un grupo no despreciable de un
25 a 30% logra bajar dicho índice a 25 o menos, sobre todo después de
someterse a cirugías reductivas en las que se elimina el exceso de piel
junto con una cantidad importante de tejido graso sobrante.
La pérdida de peso es máxima en
el periodo postoperatorio inmediato por lo que debe aprovecharse esta
circunstancia para someter al paciente a un régimen nutricional muy
bien controlado con ejercicio progresivo supervisado profesionalmente.
En los primeros tres meses después de la cirugía se pueden bajar hasta
25 kilos, siendo que en el periodo posterior, hasta completar un año,
se puede esperar una reducción entre un kilo y kilo y medio por semana,
de manera que al cabo de un año es esperable que el paciente haya
bajado entre 50 y 70 kilogramos. Esto es variable debido a los cambios
individuales del metabolismo, a la adherencia que el paciente tenga al
régimen y a otros factores como la cantidad de kilos por perder que el
paciente
En
el meta-análisis publicado en JAMA, 2004, se analizaron los resultados
de la cirugía en más de 22,000 pacientes operados entre 1990 y 2003,
con una edad promedio de 39 años (19% de sexo masculino, 72% de sexo
femenino y un restante en que no fue reportado) y un promedio de Indice
de Masa Corporal de 47 Kg/metro cuadrado, todos sometidos a diversos
procedimientos. El porcentaje de peso excesivo perdido fue de 61.2% con
pocas diferencias no significativas entre los diversos procedimientos
siendo menor la pérdida en pacientes sometidos a banda gástrica
solamente y mayor en los que fueron sometidos a derivación
bilio-pancreática.
La mortalidad operatoria dentro de los 30 días posteriores a la cirugía
varió en los diversos grupos desde un 0.1 hasta un 1.1% pero no fue en
ningún caso más alta que la reportada para otros procedimientos de
cirugía gástrica.
Los principales beneficios del programa fueron reportados en una
resolución completa de la diabetes en el 77% de los casos una mejoría
ostensible en un 86%. La hiperlipidemia mejoró en el 70% de los
pacientes y el 62% tuvieron la oportunidad de dejar de consumir
medicamentos para la hipertensión. Otro problema que resultó con
importantes mejorías fue el de apnea obstructiva del sueño que mejoró o
desapareció en el 86% de los casos.
En el estudio del grupo sueco de
obesidad publicado en el New England Journal of Medicine en el 2007 la
pérdida de peso fue máxima dos años después de la cirugía y luego se
dieron casos de recuperación parcial del peso de manera que a los 10
años la pérdida promedio fue de un 30% con una mejoría ostensible tanto
de la sobrevida como de la frecuencia de otras enfermedades incluyendo
el cáncer.
Se puede concluir que la cirugía
bariátrica no es una solución mágica al problema del sobrepeso y que
debe ser complementada con un programa profesionalmente controlado de
nutrición para lograr el máximo de pérdida de peso y evitar algunas
consecuencias nutricionales dependientes de alteraciones en la
absorción de los nutrientes motivada por la cirugía. En el cuadro
siguiente analizaremos las diversas zonas del aparato digestivo y los
nutrientes que se absoreben en cada una de ellas.
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